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viernes, 26 de septiembre de 2008

26 de Septiembre Día Mundial de la Prevención del Embarazo Adolescente



Por: Eglimar Melero

El embarazo precoz en Latinoamérica y el Caribe contempla las cifras más elevadas, siendo Venezuela una de las principales abanderadas y estando superada sólo por Honduras, Guatemala y Nicaragua.

En Venezuela, 20 de cada 100 partos corresponden a mujeres jóvenes y en su mayoría de bajos recursos. Estas cifras convierten esta problemática en un asunto de salud pública, es decir, un problema de Estado.

Los venezolanos y venezolanas exigimos a este proceso revolucionario la ejecución de políticas acertadas en materia de salud sexual y reproductiva. Es ya absolutamente necesaria la voluntad política para hacerle frente a esta situación. Cada día son más las mujeres jóvenes que deben abandonar sus estudios y además de esto interrumpir su normal transición de la adolescencia para dar un salto abismal, no a la adultez, sino a convertirse en “madres precoces” y empezar a formar parte de todo un contingente humano en situación de riesgo (pobreza extrema).

Siendo las mujeres jóvenes las más susceptibles a los duros tratos del sistema capitalista. Son nuestras jóvenes quienes están a merced de los explotadores que muy bien se aprovechan de las necesidades de estas madres jóvenes para darles un trato discriminatorio, humillante y violento en sus respectivos espacios laborales y educativos entre otros, por mencionar algunas de las vejaciones a las tienen q ser sometidas.

El problema del embarazo precoz es mucho más grave de lo que a simple vista se puede notar. Esta problemática acarrea situaciones de violencia hacia la mujer y/o hacia los y las niñas, marginalidad, triple explotación, prostitución, drogadicción y de exclusión social en general.

También se presentan situaciones de carácter psicológico muy graves tanto para la joven madre como para el o la niña en cuestión.

Por todo lo antes mencionado, por las miles de mujeres sin voz, por los miles de niños en situación de calle y de violencia, en aras de la construcción de esa tan anhelada sociedad de iguales, con justicia social y equidad, este 26 de septiembre y todos días restantes estaremos luchando por la prevención del embarazo no deseado.

De esta misma forma también luchamos por una educación sexual efectiva, por un modelo educativo que atienda las necesidades de nuestros jóvenes y así como también por la distribución masiva y eficiente de métodos anticonceptivos entre las y los jóvenes venezolanos.

martes, 16 de septiembre de 2008

Contra la publicidad sexista y los estereotipos




Por: Rebeca E. Madriz Franco

El 14 de septiembre se conmemora “El Día Internacional de la Imagen de la Mujer”, como símbolo de rechazo y repulsión, principalmente, a la Publicidad Sexista, la cual posee una estructura bidireccional mediante la cual, por un lado se reproducen los roles y estereotipos de género que insisten en colocar a la mujer como ama de casa – madre a manera de función exclusiva, al mismo tiempo que vende una imagen femenina convertida en objeto sexual.


La celebración de ésta fecha nos obliga a repasar el papel que juegan hoy en día los Medios de Comunicación Social en nuestros países. En el caso de Venezuela, debe decirse con profunda preocupación, que estos medios de dominación cultural, con cuyos valores hemos venido desarrollándonos, exacerban cada vez con mayor fuerza, la imagen de la mujer como mercancía sexual al servicio del hombre. Si tuviéramos que definir la Publicidad como una forma de comunicación persuasiva que busca influir en la capacidad de decisión de quien recibe el mensaje transmitido, tendríamos que caracterizar el Caso Venezolano como “PROPAGANDA VIOLENTA”.

El estereotipo de Mujer que se nos vende e impone diariamente nos presenta una mujer despersonalizada, muchas veces decapitada, con el fin único de que quienes reciben ese mensaje, valoren por encima de todas las características de la mujer, su cuerpo. Debe señalarse que esa imagen vinculada en su mayoría al sexo, no es la imagen de la mujer real, común, sino un estereotipo de mujer creado para vender.

La Publicidad que tiene como objetivo estratégico vender, es capaz de crear falsas necesidades que tienen nefastas consecuencias para la sociedad, especialmente por su influencia en la juventud. La mujer joven, comienza a infravalorarse porque no se identifica con esa imagen estandarizada, y producto de la alienación no es posible identificar que la imagen ajena no es la propia, sino aquella que se pretende imponer (y de hecho se ha impuesto como única), lo que redunda en una baja autoestima de nuestras mujeres, que sumado a las condiciones de explotación terminan frustrando a la mujer por la inconformidad que siente consigo misma. Esa inconformidad que se crea, se pretende saciar con el producto que se quiere vender, generando un círculo vicioso en el cual el consumismo es capaz de aislarnos nuestras necesidades reales, y obligarnos a comprar – consumir como opción a ese vacío que es llenado con el producto publicitado.

Por otro lado, el sentimiento individualista y de competitividad, propio de una sociedad como la nuestra, termina reforzando antivalores como el egoísmo, el cual hace creer que “SI TU ESTÁS BIEN, TODO ESTÁ BIEN” (slogan de una conocida cadena de tiendas en Venezuela).

De esta manera, la inseguridad que se produce por el hecho de no corresponderse con una imagen impuesta, permite que la creciente ola de violencia hacia la mujer, sea enmascarada en el conformismo de quienes asumen que su valor humano es proporcional a las medidas de su cuerpo; y bajo esa excusa, las propias mujeres nos hacemos cómplices de la discriminación hacia nuestro género.

La imagen de la mujer – objeto, promovida por los mass media, y que son parámetros que juegan un papel fundamental en la socialización, arrastran con ella fenómenos que son cada vez más alarmantes en nuestra sociedad, y que en gran medida comienzan a generar desórdenes también en hombres, pero insisto, básicamente jóvenes. Tal es el caso de la bulimia y la anorexia, fenómenos gástricos y psicológicos resultados de la pérdida de la identidad en la que han venido trabajando con mucho ahínco los grandes medios de comunicación.

Sumado además a lo anterior, la idea de una especie de escalera imaginaria que se nos vende, donde el afán por lo material encierra a los ciudadanos en una lucha individualísima por una escala social, que hace pensar a algunos sectores especialmente de capas medias, que tienen que “trabajar como negros para vivir como blancos” (mensaje de alto contenido racista, que justifica la explotación y el aislamiento de ciertos sectores en su lucha estéril por tratar de ser ricos con el sudor de su frente).

Los medios son especialmente abusivos cuando se trata de las mujeres, pues la imposición de pautas que rigen la vida social, están vinculadas a la asignación de determinadas funciones substancialmente degradantes para la mujer, por el hecho de que lo que nos ilustramos es el ideal social de la cultural patriarcal.

La violencia comunicacional vinculada a la imagen de la mujer, lleva consigo diversos matices, uno más discriminatorio que el otro. La agresión a la dignidad femenina, el lenguaje sexista, y los roles y estereotipos de género, son sólo algunos de los elementos que cada día son menos disimulados en el empeño de mantener sojuzgada a la Mujer. Es común, por ejemplo, ver en la publicidad la imagen del hombre vinculada al poder, al éxito, a la dominación, a la acción y a la victoria, mientras la mujer es la ama de casa que limpia, cocina y cuida, o es el florero sobre el cual se colocan los productos que hagan rentables fenómenos como la prostitución, asociada a grandes mafias, y jugosas ganancias.

La utilización de técnicas psicológicas es frecuente para generar una dependencia con lo que se aspira vender, que más que productos son necesidades que se crean y para las que, casualmente, el mercado tiene la solución. En este caso el elemento subliminal juega su papel de vanguardia, y su mayor relevancia es que “actúa como una memoria dormida, que cuando despierta hace actuar a la persona”, de manera que si el mensaje es VIOLENCIA, pues ésta se reproduce. Este elemento es reiteradamente utilizado en propagandas que hacen apología a la Violencia contra la Mujer en sus diversas formas, sea física, psicológica, sexual, comunicacional, laboral, patrimonial, entre otras.

La mujer es mayoritariamente vulnerable, porque con esa imagen que nos es ajena, y bajo lemas de salud – belleza – éxito, somos las principales consumidoras y quienes financiamos con mayor fuerza nuestra propia discriminación. Y es que el mito de la feminidad, relacionado con que la mujer debe estar siempre ¿¡bella!?, es reforzado porque se parte de lo natural como lo feo, y se resaltan características físicas casi siempre adquiridas e imposibles de conseguir de manera natural, y a veces, incompatibles con la salud (lo que para Marcela Lagarde, es en la actualidad lo equivalente a una mutilación, pero ahora autorizada y ansiada por la propia mujer). Se impone por lo tanto, que esa belleza, es la clave del éxito social de las mujeres, lo que genera esa miseria que es rellenada con el comprar – tener – consumir.

Por otro lado, sumado a la discriminación por género, se suma la discriminación por raza, y condición social, pues no es casual que la mujer perfecta de la publicidad se corresponda con el tipo físico exuberante, blanca, flaca, alta, cabello rubio, con actitud exitosa, vinculada a espacios socioeconómicos altos, lo que no es más que, el modelo de occidente impuesto sobre nuestros pueblos, que encubre la promoción de los valores patriarcales por cuanto refuerza su carácter económico, ideológico y social. Y es que la mujer como ser social es invisible para la publicidad, lo que se hace visible es nuestra sexualidad, que resulta una renta de apreciables ganancias en el mundo de las mercancías. Mientras que la imagen de la mujer de estratos socioeconómicos más bajos suele vincularse a roles del hogar y de menos valor.

Lo más grave es que mujeres y hombres comunes, somos quienes sostenemos ese sistema porque esa imagen de la mujer como objeto y mercancía, es la que asegura nuestra atención a la hora de consumir, y que sin darnos cuenta pone fuera de sí a la mujer y la despoja de su dignidad, pues ahoga nuestra vertiente humana, y se reduce el ser al tener. Se nos ha enseñado a percibir que el cuerpo de la mujer es lo mismo que un producto o una propiedad, con sus respectivos atributos de uso, goce y usufructo.

La prensa escrita por su parte, juega también su destacado papel en cuanto a la publicidad sexista, pues de manera abierta y bajo la excusa de la libertad de expresión, que no es más que su libertad de mercados, son portavoces de redes y mafias, que sirven de enlace al negocio de trata y tráfico de personas, principalmente mujeres y niñas, a través de anuncios que promocionan los más violentos y denigrantes papeles para la mujer, para complacer las más bajas pasiones y necesidades masculinas, instauradas por la publicidad.

Tenemos que partir de la idea de que la belleza no es inmutable, y rechazar con mayor contundencia la imagen de la mujer que nos ha impuesto la industria cultural, la cual invisibiliza, frivoliza y banaliza el papel que estamos llamadas las mujeres a jugar en la sociedad.

Sin embargo, debemos entender que es imposible rechazar esa imagen, mientras adoptemos un papel exacto y congruente con lo que observamos en los medios, pues de esa manera sólo experimentaremos un proceso de retroalimentación que reforzará lo aprendido, ya que los estereotipos influyen en nuestra cognición y llegamos a pensar que de verdad existe un arquetipo único de mujer, aunque éste no se corresponda con nuestras características morfológicas.

Es sumamente preocupante ver cómo la agresión ideológica de los explotadores se endurece cada vez con mayor cinismo, y parte de su expresión cotidiana son las imágenes negativas, violentas o degradantes de la mujer, incluida la pornografía, y sus diversas expresiones.

No nos podemos hacer a la vista gorda de esta situación, pues la transculturización ha sido para Occidente el arma ideológica más potente para imponer su modelo de vida como sueño nuestros pueblos, y por lo tanto, la revolución política sin la revolución cultural, aunque entendemos que se den en niveles diferentes, debe darse en algún momento porque la primera no es suficiente para la liberación.

NUESTRA VIDA VALE…

PERO NUESTRO CUERPO NO TIENE PRECIO!

No más Violencia Contra la Mujer!

martes, 19 de agosto de 2008

Paridad Política: conquista histórica de la Mujer venezolana



Por Rebeca Eliany Madriz Franco

Tras la norma del Consejo Nacional Electoral de Venezuela para postulaciones a las próximas elecciones regionales de Diciembre que impone en su artículo 16 postular candidaturas bajo el principio de paridad y alternabilidad de género, los resultados de las inscripciones, por primera vez en la historia Patria, reportaron el tan anhelado 50/50 de Participación Política, al registrarse 2.598 Mujeres como candidatas a los cuerpos colegiados que estarán en disputa, del total de 5.225 inscritos, lo que se traduce en aproximadamente un 49,73% de Mujeres y un 50,27% de Hombres.

Se trata de la materialización de una de las principales banderas de los Movimientos de Mujeres en todo el mundo: el acceso de las Mujeres a los espacios de toma de decisiones, en las mismas condiciones y proporción que los hombres. Debe señalarse con especial atención, que no es casual que tal decisión tenga lugar en el momento en el que máximo órgano electoral del país, está integrado por 3 mujeres de los 5 miembros principales que lo conforman.

La Paridad Política representa más allá del simple hecho reivindicativo una nueva ventana de oportunidades para el proceso político Venezolano, que genera nuevas perspectivas de avance, ya que puede ser, potencialmente, el inicio de los tan esperados cambios cualitativos que desde hace años reclamamos las Mujeres en la Revolución Bolivariana.

Con lo anterior no pretendo hacer ver que las mujeres sean o no mejores que los hombres, o sean buenas y los hombres malos, de lo que se trata, y así ha sido demostrado en los grandes procesos históricos, es que a mayor grado de participación de la mujer, mayor es el avance de los procesos liberadores, pues la naturalización de la opresión que el sistema patriarcal y el capitalismo ejercen sobre la mujer, impide el pleno ejercicio de las capacidades y de los substanciales aportes que puede dar la mujer a la liberación, no sólo de su género, sino fundamentalmente de la clase.

Mucho se ha discutido sobre el hecho de imponer o no la paridad, de decretar o no que las mujeres, como los hombres, accedan a los espacios de poder en igual número. Sin embargo, esas contradicciones tienen que ser superadas, porque la realidad, y así lo vivimos día a día, es que por más “avanzada” que pueda ser un organización política en la materia (lastimosamente no es el caso Venezolano), hay un muro de contención que sigue manteniendo maniatadas a las mujeres, porque convergen en el tema una serie de elementos que diversifican la discriminación, y cuyas expresiones cotidianas pudieran pasar desapercibidas, pero ATENCIÓN: se banaliza, subestima, y menosprecia, el sacrificio que para una mujer significa, ser una activa militante revolucionaria.

Los ejemplos abundan, compañeros que ante la subordinación a una mujer, reaccionan desproporcionalmente inconformes e insubordinados. Otros que te dan un espaldarazo cuando es obligatorio dedicarse a lo que para ellos le corresponde a una mujer (hogar, familia) y con una palmadita en la espalda te despiden de la escena para zafarse de lo impertinente que resulta una mujer en la política. Compañeros que banalizan los aportes políticos de una mujer, más aun si son teóricos, pues para ellos ciertamente las mujeres utilizamos el cuerpo, pero no el cerebro. La casual conversación “urgente” que se asoma en una reunión política cuando las mujeres tenemos la palabra, es costumbre para muchas de nosotras. La exigencia de una militante política mujer es exactamente igual a la de un hombre, con la diferencia de que el hombre, no tiene que atender las múltiples ocupaciones que una mujer. Sin contar aquel que a la hora de saludar, pregunta al del lado que opina de la situación geopolítica internacional, mientras a la compañera le extiende el respectivo: que bonita camarada… Así como no falta algún compañero que denuncie las desviaciones ideológicas (feministas) de quienes abrazamos e insistimos que se valore esta lucha en su justa medida, y se comprenda que el origen de la misma es la aparición de la propiedad privada, por lo que la emancipación de la mujer es inseparable de la lucha de clases.

Si bien lo anterior puede valorarse como intrascendente cuando se plantea el riesgo de retrogradar en un proceso como el Venezolano, no es menos cierto que para las mujeres es un manto que impide ver el brillo de ese diamante (hasta ahora en bruto) que es una militante revolucionaria, que se desgasta la mística de sacrificio por ese mundo mejor, que si no hay una propuesta alternativa para las mujeres entonces se pierde el empuje de la mitad de la clase, la cual se hace indispensable para la lucha contra los explotadores. El potencial político y moral de la mujer, es necesario para romper las cadenas de la opresión.

Los errores históricos han cobrado con creces este error de las “izquierdas” de subestimar el protagonismo de las mujeres, pues ha contribuido a seguir atomizando y desarticulando a la clase trabajadora, y además a empujado a muchos sectores y movimientos de mujeres a fundirse con sectores de la burguesía bajo una supuesta “autonomía” de Partidos Feministas, que terminan convirtiéndose en instrumentos para dispersar las luchas de nuestros pueblos.

No puede afirmarse que este avance sea la cura de nuestros males, pues como bien señaló José Carlos Mariátegui, en el actual panorama humano “la clase diferencia a los individuos más que el sexo”; sin embargo, es un indiscutible paso al frente que reafirma el carácter revolucionario del Proceso Político Venezolano.

Las mujeres hemos sido castradas en el escenario público, y por ende político, de allí que hasta hoy estemos atadas a la obligación de una labor cuyo valor no se reconoce y que sin embargo, es indispensable, para el desarrollo social, a la par de que produce un desgaste, humillación, embrutecimiento, y monotonía que torna bastante gris, el impacto que ejercemos sobre la vida política, económica, social y cultural. En este sentido, nadie mejor que las mujeres para tomar las riendas de del principal cerco que limita el desarrollo integral de nuestra personalidad.

Nuestras leyes, formuladas principalmente por hombres, son contentivas de profundas inequidades imperceptibles en muchos casos, inclusive, por los elementos más consecuentes e identificados con los intereses del Pueblo. Por lo tanto, el reconocimiento de la Paridad Política, es el primer paso para el ejercicio real de lo que nos corresponde: “incidir de manera directa en los profundos cambios que requiere una sociedad como la nuestra”.

La Paridad Política no es una dádiva para la Mujer Venezolana, pues aguas abajo la participación de la mujer ha sido a lo largo de la Revolución Bolivariana mayoritaria que la de los hombres, y es hasta ahora que en ejercicio de ese legítimo derecho, se expresa con mayor claridad la proporción real de ese papel protagónico.

Finalmente, hay que exhortar a las Compañeras, Luchadoras, Revolucionarias, que hoy son candidatas a estos espacios de participación, a ser portavoces de las más profundas inequidades de las cuales somos víctimas, a comprometerse en una batalla campal contra la violencia, por el reconocimiento de nuestros derechos humanos, el reconocimiento real del trabajo doméstico como actividad económica, el ejercicio pleno de nuestra sexualidad, el acceso a la educación, a la salud, a empleos dignos; a contribuir a crear las condiciones para enfrentar los obstáculos culturales y políticos por venir, que seguramente necesitarán de mujeres conscientes, organizadas, unidas y movilizadas contra las agresiones del enemigo interno y externo; a demostrar nuestra condición “doblemente revolucionaria”, bajo la consigna: “MUJERES POR EL SOCIALISMO, CREANDO PODER POPULAR”.